La semana pasada el sindicato CCOO publicaba en su web la siguiente nota:"Personal de plantilla del Instituto Cervantes de Fez se dirige a la directora general para denunciar la situación de su centro."
Hemos destacado los siguientes párrafos:
En este caso, además de lo referido en la nota de CCOO, y gracias a los compañeros que nos habéis escrito, hemos podido informarnos de forma más detallada sobre el comportamiento de este director. Pero atendamos primero a su perfil académico y profesional y a los méritos que lo han llevado hasta dicho cargo.
Las quejas que los compañeros y compañeras de Fez exponen en el escrito que dirigen a la Directora del IC son varias. De todas ellas se pueden destacar las referidas al trato que reciben por parte del Director, al deterioro de la imagen del Cervantes en la ciudad de Fez y al mal uso que el Director hace del puesto que ocupa.
Los trabajadores de Fez denuncian por medio de su escrito las agresiones verbales a las que se ven sometidos de forma continuada, agresiones que llegan a la calumnia y a la difamación personal. Consecuencia de ello es un sentimiento de frustración que incide de forma muy negativa en el ambiente de trabajo y en el rendimiento laboral.
El Director de Fez, del mismo modo que agrede al personal del centro, insulta y difama a la ciudadanía fasí, resultado de lo cual es la baja participación de esta en las actividades del centro y el recelo con el que son recibidos los trabajadores del centro en las gestiones externas que han de hacer, ya sea por motivos laborales como personales. En Fez ahora todo lo que tiene que ver con lo español, y más concretamente con el Instituto Cervantes, es mal percibido.
Por otro lado el Director del Cervantes en Fez practica un abuso de poder intolerable, al hacer que los trabajadores a realicen tareas que solo redundan en su propio beneficio como son corrección, mecanografiado y traducciones de sus escritos personales (libros y/o artículos)
Hemos buscado entre sus notas biográficas publicadas en Internet y no hemos logrado encontrarle formación académica alguna. No sabemos a ciencia cierta si se debe a un olvido generalizado o a uno intencionado, es decir, carece completamente de ella.
En el aspecto profesional sus méritos son su actividad poética y editora -preferimos no entrar a valorar ninguna de las dos- y haber presidido durante 4 años (1989-1993) el Ateneo de Málaga.
En todas sus reseñas –y auto reseñas- se menciona repetidas veces su vínculo y conocimiento del mundo árabe y, concretamente, de Marruecos. No podemos decir hasta dónde llega ese conocimiento. Sin embargo, por la información que hemos recibido, sí podemos afirmar que su nivel de dominio de la lengua árabe y/o del francés es bastante flojo, por no decir anecdótico.
Hasta aquí, y ateniéndonos a los datos estrictamente curriculares, consideramos, que su perfil no posee la formación adecuada ni suficiente para ostentar dicho cargo. Entremos a analizar su actuación.
En cuanto a su conducta como director, es un clamor general, y así lo confirma la carta firmada por TODOS los empleados del IC de Fez –administración, cultura, académica y mantenimiento-, la falta de respeto y la vulgaridad en el trato con los trabajadores. Sus técnicas van desde el grito hasta el insulto directo, pasando por cometarios machistas de mal gusto, represalias, encerronas o amenazas.
Estos son algunos de los comentarios que nos han llegado:
Al día siguiente de la reunión de todos los trabajadores con la delegada sindical de CCOO, Mª Antonia López, el director, con su habitual tono, y como represalia al libre ejercicio de un derecho constitucional como es el de la asociación y organización sindical, sacó de sus despachos al personal administrativo y cultural, y los colocó a trabajar a todos en el mostrador de la recepción del centro, dejando los antiguos despachos completamente vacíos y sin uso.
Son frecuentes los insultos y muestras de desprecio dirigidos a los empleados, ensañándose especialmente con el personal marroquí, la ciudad o el propio país; así como los comentarios jocosos de corte sexistas y de escaso gusto que suelta públicamente sobre las trabajadoras, y que por motivos de buen gusto no vamos a repetir aquí.
Su enemistad con gran parte de la ciudad y de sus instituciones ha provocado un aislamiento social y cultural del centro, al que han dejado de llegar desde hace tiempo las invitaciones a actos de otras instituciones culturales.
Como se puede ver, tampoco parece que le avale su buen hacer.
En resumen, Salvador López Becerra es un claro e ilustrativo ejemplo de lo que NO debería ser un director del IC. Su actuación, por sus toscas maneras y sus escasas habilidades en el trato con las personas, se asemeja más a la de un capataz de plantación algodonera de Louisiana que a la de un gestor, coordinador y supervisor del trabajo en un centro cultural público y de ámbito internacional como es el Instituto Cervantes. Ni la sociedad ni el Estado Español, ni por supuesto nuestra lengua y nuestra cultura merecen la pobre imagen que esta persona está dando.
Una pregunta que pega saltos: si no le avalan sus méritos acedémicos y profesionales, ni tampoco su conducta como director, ¿cómo -o gracias a quién- llegó al cargo? Y lo que es más grave: ¿por qué -o gracias a quién- se mantiene en el cargo?







Pues parece que ya es oficial. El vacío que aparece en su lugar en la relación del equipo directivo del Instituto Cervantes es más que elocuente: 


